GEOLOCALIZACIÓN

Cómo no perderse con la geolocalización

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El GPS está en vías de desaparición desde la irrupción de las aplicaciones de geolocalización en Smartphones y tablets. Por razones económicas y prácticas, los usuarios nos inclinamos por utilizar un único dispositivo y sustituir las latosas actualizaciones del  GPS por las descargas gratuitas de aplicaciones on line. Desde entonces el GPS pone sus barbas a remojar.

El atractivo de los servicios de geolocalización para los usuarios es simplemente irresistible; mapas, navegación, puntos de interés próximos, etiquetado geográfico de contenidos en Internet, ubicación del transporte público, situación de amigos, visibilidad en redes sociales, control de menores, publicidad, peaje para automóviles, etc.

A día de hoy los smartphones y las tabletas digitales son inseparables de nosotros, están íntimamente unidos a nosotros y por ello nuestras pautas de desplazamiento ofrecen una información muy precisa de nuestra vida y de nuestros hábitos. ¿Sabemos cuándo estamos transmitiendo nuestra posición? ¿Sabemos a quién? ¿Sabemos para qué? ¿Saben el operador de servicios de telecomunicaciones, el propietario de las bases de datos de puntos de acceso WIFI,  el proveedor de aplicaciones de servicios de geolocalización o el  creador del sistema operativo qué deben hacer para un legítimo y legal tratamiento de esta información?

El Grupo Europeo de Trabajo sobre protección de datos creado por el artículo 29 de la Directiva 95/46/CE ha emitido recientemente un Dictamen sobre los servicios de geolocalización en los dispositivos móviles inteligentes en el que se contiene el estudio del sector, su marco jurídico y las conclusiones al respecto.

Lo primero que debemos señalar es que los datos de geolocalización procedentes de un Smartphone son datos personales, por lo que la citada Directiva 95/46/CE será de aplicación y en el ámbito nacional nuestra LOPD 15/1999 y su Reglamento 1720/2007. Sin embargo, los datos utilizados por operadores de telecomunicaciones procedentes de la estación base – antena o área cubierta por un determinado operador e identificada por un número único y registrada en una ubicación específica – se deben tratar conforme a la Directiva 2002/58/CE sobre protección de la intimidad y las comunicaciones electrónicas.

De este modo, tanto los responsables de tratamiento de infraestructuras de geolocalización, como los proveedores de aplicaciones y servicios de geolocalización, así como los creadores del sistema operativo de smartphones  deberán cumplir las previsiones de dicha normativa, tales como la desconexión por defecto de los servicios de geolocalización, políticas de retención o almacenamiento de datos, comunicación a terceros, etc. Entre todos estos aspectos destacan la información previa al usuario y la obtención de su consentimiento.

Así, no será válido el consentimiento del usuario obtenido a través de condiciones generales, sino que debe ser específico para cada finalidad y renovado si tal finalidad cambia sustancialmente.  Este consentimiento deberá poder revocarse por los interesados de forma fácil y sin consecuencias negativas. Especial mención merecen las peculiaridades del consentimiento de trabajadores y menores, debiendo valorarse en ambos casos la proporcionalidad de la utilización de medios de geolocalización y la necesidad de la información previa.

Para obtener este consentimiento válido la información al interesado debe ser clara, completa, permanente y comprensible para el público en general. En este punto, el Grupo de Trabajo destaca que los navegadores y las redes sociales deben tener un papel relevante en cuanto a la calidad y visibilidad de la información.

Sólo a través de esta información, que debe incluir los derechos de los interesados, puede obtenerse un consentimiento válido. Y es que el usuario del servicio o aplicación tiene derecho a acceder a sus datos de localización en un formato legible, así como a solicitar su rectificación o borrado, incluyendo los posibles perfiles obtenidos a través de los datos de geolocalización.

Aunque en los últimos años la relación entre libertad y seguridad parezca una dicotomía irreconciliable, no soy de quienes comparten esa visión. Del mismo modo, tampoco creo que la intimidad y la geolocalización sean excluyentes. Todo dependerá precisamente de la libertad en su elección y de la seguridad en su uso.