Morosidad y errores de muerte

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Leo en prensa que aumenta el número de personas que son incluidas de forma incorrecta en archivos de deudores, según la Agencia de Protección de Datos. Tal vez con la crisis algunas empresas no dan abasto para incluir correctamente a los deudores o tal vez no es más que su tradicional indolencia por la privacidad, confianza e intimidad de sus clientes.

Sin duda la reclamación de cantidades no debidas afecta a nuestro honor y a nuestro humor. La calificación como moroso de quien cumple o todavía puede cumplir con sus obligaciones de pago resulta como poco ofensiva para su pundonor. Pero si además esa errónea imputación recae sobre quien ya no se puede defender, la inculpación errónea resulta directamente indignante.

Así ha ocurrido en mi reciente experiencia personal. Al fallecimiento de mi abuelo, cuyo sentido de la rectitud y del cumplimiento del deber hoy resultaría casi trasnochado, se siguieron las debidas y oportunas comunicaciones del deceso a las empresas con las que tenía contratados servicios y suministros a efectos de que tramitasen su baja como cliente y, por ende, como pagador.

Sin embargo, la compañía de seguros con la que tenía concertado su seguro de salud, cuyas primas de más de 300 euros mensuales se abonaron siempre con escrupulosa puntualidad, nos dirigió una carta contundente a través de su departamento legal en reclamación de dos meses impagados, advirtiéndonos de las serias consecuencias del impago. Huelga decir que esta compañía – por qué no decirlo, Sanitas – fue oportuna y debidamente informada de la “baja” de su cliente. Algo falla claramente en su organización y comunicación interna, denotando negligencia en el mantenimiento de sus bases de datos, en la protección de la confidencialidad de sus clientes y, por supuesto, desinterés en su trato. Corregido el desacierto, nunca se recibió disculpa alguna por una falsedad que lesionaba más que el honor y la cuenta corriente.

No menos cariñosa fue la empresa proveedora del servicio telefónico. Al parecer el óbito del titular no es motivo suficiente para querer dar de baja una línea de teléfono fijo, esa rara avis que Telefónica – vaya, ya dije su nombre – intenta por todos los medios que contratemos o mantengamos. Por eso no sólo intentó convencernos para mantener una línea que no usa ya nadie, sugiriéndonos que nos desplazásemos a un domicilio vacío para usar ese teléfono fijo unos cuantos minutos al mes, sino que unos días después una solícita operadora de allende los mares llamó preguntando por el fallecido para ofrecerle mejoras que evitasen su baja como cliente… Sin palabras. No obstante, para no perder el contacto, este mes se ha cobrado un recibo por importe de 27 euros de una línea que ya no existe.

Debemos recordar que ante estas situaciones no estamos indefensos, que tenemos mecanismos de reacción. Cuando la empresa o entidad nos requiera el pago indebido, nos tache de morosos y nos notifique que como tales seremos incluidos en los ya conocidos ficheros, disponemos del derecho de cancelación que la LOPD nos concede en su artículo 16;

El responsable del tratamiento tendrá la obligación de hacer efectivo el derecho de rectificación o cancelación del interesado en el plazo de diez días.

2. Serán rectificados o cancelados, en su caso, los datos de carácter personal cuyo tratamiento no se ajuste a lo dispuesto en la presente Ley y, en particular, cuando tales datos resulten inexactos o incompletos.

El artículo 32.2 y 3 Reglamento de desarrollo de la Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre, de Protección de Datos de Carácter Personal, aprobado por el Real Decreto 1720/2007, determina:

“2. El responsable del fichero resolverá sobre la solicitud de rectificación o cancelación en el plazo máximo de diez días a contar desde la recepción de la solicitud. Transcurrido el plazo sin que de forma expresa se responda a la petición, el interesado podrá interponer la reclamación prevista en el artículo 18 de la Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre. En el caso de que no disponga de datos de carácter personal del afectado deberá igualmente comunicárselo en el mismo plazo.

¿Qué ocurre si transcurridos los diez días señalados nuestra solicitud de cancelación no ha sido atendida? Pues que sólo tendremos que ponerlo en conocimiento de la Agencia de Protección de Datos mediante un escrito simple que encontraremos en su propia web: http://sedeagpd.gob.es/sede-electronica-web/vistas/formReclamacionDerechos/reclamacionDerechos.jsf

El interesado al que se deniegue, total o parcialmente, el ejercicio de los derechos de oposición, acceso, rectificación o cancelación, podrá ponerlo en conocimiento de la Agencia Española de Protección de Datos o, en su caso, del organismo competente de cada Comunidad Autónoma, que deberá asegurarse de la procedencia o improcedencia de la denegación.”

Así que el aumento de los errores en el tratamiento de los datos de clientes por parte de aquellas empresas con más capacidad para evitarlos, lejos de ser una noticia para mí, es la clara constatación de que la privacidad y la diligencia en el tratamiento de los datos personales sigue sin ser una prioridad, que siguen sin ver que para un cliente el respeto a su privacidad, a su dignidad y un trato considerado puede suponer un valor añadido equiparable a tarifas competitivas.

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